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COMETAS EN EL CIELO


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SINOPSIS

En un país dividido al borde de la guerra civil, dos niños, Amir (Zekiria Ebrahimi) y Hassan (Ahmad Khan Mahmoodzada), están a punto de separarse para siempre. Numerosas cometas, que participan en un torneo infantil, se cruzan en el intenso azul del cielo de Kabul. Pero después de ganar el torneo, la traición de un niño atemorizado pondrá en marcha los mecanismos de una catástrofe. Ahora, después de 20 años viviendo en Estados Unidos, Amir (Khalid Abdalla) regresa a Afganistán, a pesar del peligro que supone el implacable gobierno de los talibanes, dispuesto a enfrentarse con los oscuros secretos que le persiguen y a reparar el daño que hizo.


CÓMO SE HIZO "COMETAS EN EL CIELO"
Notas de producción © 2007 Universal Pictures

1. El proyecto

La novela Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini apareció en 2003 como salida de ninguna parte y no tardó en colocarse en las listas internacionales de superventas, donde aún permanece al cabo de cuatro años. Esta historia sumergida en la cultura afgana, un país lejano y devastado durante décadas por la guerra, no parecía la mejor candidata para alcanzar semejante éxito. Pero temas universales como los lazos familiares, los amigos de infancia, el valor del perdón y la salvación por el amor hicieron que esta historia conmoviera a lectores de cualquier procedencia cultural y social. Escrita por un médico nacido en Afganistán que, como el protagonista de la novela, dejó su país de niño y no regresó hasta décadas más tarde, Cometas en el cielo transporta a los lectores a través de los continentes mientras sigue el viaje de un hombre que se lanza a una búsqueda desesperada para enmendar el terrible error que cometió hace años y que no ha dejado de perseguirle desde entonces. El autor demostró una gran habilidad para mezclar lo personal con la política, forjando un relato rebosante de suspense y de intensos sentimientos. Khaled Hosseini creció en Kabul cuando esta ciudad aún era “la perla de Asia” y emigró a Estados Unidos de adolescente, lo que le proporcionó la experiencia necesaria para aportar una autenticidad y humanidad a la historia que afecta profundamente a los lectores. Se han vendido más de ocho millones de copias en 34 países. Khaled Hosseini reconoce que la reacción en cadena de Cometas en el cielo y el próximo estreno de la película del mismo título es muy gratificante. “La reacción de los lectores me sigue sorprendiendo”, dice el autor. “Supongo que se debe al intenso núcleo emocional de la historia. Los temas de la novela, culpabilidad, amistad, perdón, pérdida, deseo de expiación, mejorarse a sí mismo, no son temas limitados a Afganistán, son experiencias humanas que no tienen en consideración la procedencia étnica, cultural o religiosa”. Estos temas atrajeron la atención de los productores William Horberg y Rebecca Yeldham, entonces compañeros en DreamWorks SKG, mucho antes de que la novela alcanzara el nivel de superventas. Al leer la prosa directa de Khaled Hosseini, se dieron cuenta de que tenían algo extraordinario entre manos. “Es una de las obras literarias más poderosas y más cinematográficas que he leído, es mágica”, dice Rebecca Yeldham. “Nos enamoramos del libro. Nos pareció impensable no llevarlo a la gran pantalla. La historia es lírica, evocadora, maravillosa y se presta a la interpretación visual. Literalmente se ven los acontecimientos mientras se pasan las páginas”.





William Horberg añade: “Leer Cometas en el cielo fue una experiencia maravillosa. La idea central es muy poderosa: no importa lo que se haya hecho en el pasado, hay una forma de volver a ser bueno. Atrapa al lector y toca los secretos que todos tenemos. El lector viaja con esos dos niños, entra en su cultura, su familia y conoce la redención a través del personaje de Amir. Me pareció tremendamente conmovedora además de tener mucho potencial como película”.

William Horberg y Rebecca Yeldham hablaron de la novela con Walter Parkes y Laurie MacDonald, que estaban a punto de dejar sus puestos como codirectores de producción de DreamWorks para fundar una productora independiente. Los cuatro se unieron para comprar los derechos y se empezó a trabajar en el guión. Walter Parkes cree que el poder del libro está en los misteriosos, aunque frágiles lazos de una amistad de infancia porque son los mismos en todo el mundo. “Enseguida me acordé de mi mejor amigo cuando tenía 10 u 11 años, y del mundo de fantasía que construíamos”, dice el productor. La coproductora Laurie MacDonald añade: “Habla de la capacidad de recuperación de los niños. Pueden encontrar amistades y aventuras en un universo muy particular, que no por eso deja de ser realista y conmovedor. Es lo que más me tocó de la novela”.

Los cineastas convencieron a Khaled Hosseini para que les ayudara a transformar la novela en una película y se aseguraron de que participara en todo el proceso. “Khaled era nuestro embajador en un mundo que todos desconocíamos”, dice William Horberg.

La película estaba en pleno desarrollo cuando William Horberg y Rebecca Yeldham dejaron DreamWorks en 2005. El primero se unió a Sidney Kimmel Entertainment (SKE), una productora conocida por trabajar con cineastas de talento y guiones de calidad. Sidney Kimmel también se entusiasmó con el proyecto. Jeff Skoll, de Participant Productions, una joven empresa en auge cuyo lema es “Cambiar el mundo de historia en historia”, también se convirtió en un apasionado seguidor del libro y se unió a SKE como socio financiero.

Fue entonces cuando la novela tomó las librerías por asalto y se convirtió en un fenómeno cultural. Los críticos estaban tan impresionados como los lectores. La premiada escritora Isabel Allende dijo, hablando del libro: “Es tan fuerte que, durante mucho tiempo, todo lo que leí después me pareció insípido”. Los cineastas estaban sorprendidos y entusiasmados por la inesperada popularidad de la novela.

“Sinceramente, dudo que alguno de nosotros sospechara que Cometas en el cielo iba a tener tanto éxito”, dice Walter Parkes. “Es una historia genial de proporciones heroicas y cinematográficas que trata de temas esenciales, como la redención y la aceptación de uno mismo, pero de ahí a pensar que se convertiría en un superventas y que, unos años después, el cine estadounidense estaría abierto a ese tipo de historias multiculturales... No, ninguno de nosotros podíamos predecirlo”.

Ahora quedaba encontrar el guionista capaz de llevar al mundo descrito por Khaled Hosseini a la gran pantalla sin perder el tono intimista de la novela.

William Horberg y Rebecca Yeldham hablaron con David Benioff, que también es novelista (debutó como guionista con la adaptación de su novela La última hora, que dirigió Spike Lee). Se unió al proyecto y se puso manos a la obra para transformar un libro de 400 páginas en un guión tenso y fascinante a partir de una nueva estructura.

“Todos estábamos muy abiertos a cualquier idea, pero teníamos una en común, y era hacer justicia a la maravillosa historia de Khaled e intentar retener la humanidad y espiritualidad del libro”, dice el guionista. “Siempre me pareció una historia de cobardía y valor, y de la distancia que los separa. Desde el principio quise que fuera una historia acerca de Afganistán, de los afganos, un pueblo que ha pasado por lo peor, guerras y pobreza, pero que, dentro de este horror, sabe encontrar la gracia, la belleza y el amor”.

David Benioff no dejó de consultar con el autor durante todo el proceso: “Khaled no pudo ser más generoso con su tiempo y experiencia; siempre estaba dispuesto a contestar a todas mis preguntas”.

Uno de los mayores retos para el guionista fue trasladar treinta años de acontecimientos a dos horas de película. “Los saltos temporales son difíciles de conseguir en una película”, explica. “La novela transcurre en un periodo de 30 años y no fue fácil encontrar la estructura adecuada para el guión. Se ve a Amir en momentos muy diferentes de su vida, pero decidí que sólo le encarnarían dos actores. Creo que, con más actores, se perdería la conexión con este magnífico personaje. El guión contiene casi todos los momentos más importantes, pero la cronología está simplificada. Por suerte, la base de la historia es tan fuerte que no pierde nada de fuerza a pesar de las restricciones de tiempo y espacio impuestas por el cine”.

Khaled Hosseini reconoce estar impresionado por el trabajo del guionista al reinventar la historia para el cine. “Me quito el sombrero”, dice. “No lo tenía nada fácil. Estructuralmente, la novela es todo un reto ya que transcurre en un periodo de 30 años. Hay flashbacks, los personajes envejecen; Amir deja Kabul como una ciudad cosmopolita y regresa a un paisaje de destrucción. Cuando leí la versión definitiva, le dije: ‘Será una película preciosa’”.

Los productores querían un director con la suficiente sensibilidad cultural e imaginación para plasmar en imágenes una historia que va de Kabul a California, de los aniquilantes efectos de la violencia e intolerancia al triunfo del honor y de la esperanza.

Escogieron a Marc Forster porque ha sabido aportar lirismo y humanidad a cada película que ha hecho sin importar el género, desde las fuertes emociones de Monster’s Ball al mundo encantado de Descubriendo Nunca Jamás pasando por la inventiva cómica de Más extraño que la ficción. Además, ya había trabajado con David Benioff en el atemporal thriller psicológico Tránsito.

“Admiramos el trabajo de Marc”, dice William Horberg. “No importa el mundo que explore, siempre encuentra personajes con los que el público puede identificarse. Como la historia era muy diferente de todo lo que había hecho antes, pensamos que lo tomaría como un reto”.

Marc Forster demostró tener la sensibilidad que buscaban. “Marc no tiene miedo, no le asustaba hacer una película acerca de una cultura que desconocía”, dice Rebecca Yeldham. “Es capaz de superar obstáculos que paralizarían a muchos otros. Más aún, llegó inmediatamente al corazón de la historia y entendió por qué había conmovido a millones de lectores”.

El realizador sintió que la historia de la idílica amistad que une a Amir y a Hassan cuando son niños, y los dramáticos acontecimientos que ensombrecerían la nueva vida de Amir en Estados Unidos era irresistible. “Me enamoré de la historia”, reconoce. “Leer el libro fue una experiencia muy emocional. Supe enseguida que quería ser parte del proyecto. Aunque es muy diferente de Monster’s Ball, también es una historia acerca de cómo se puede romper el círculo de la violencia y creer en la redención. El reto residía en plasmar un viaje épico e introducir a los espectadores en una historia muy intimista acerca de unas cuantas personas y de las consecuencias de sus acciones”.

Pero ni siquiera Marc Forster estaba preparado para una experiencia tan intensa como el rodaje de la película, que le llevó desde Europa hasta Kabul, Pakistán y China en un recorrido esclarecedor y, a veces, agotador, que le ayudaría a construir la película.

Desde el principio, el director supo que para dar vida a esta historia, debería comprender la compleja cultura afgana y lo habló con Khaled Hosseini, que le apoyó con entusiasmo.

“Me sentí muy feliz al saber que Marc estaba decidido a hacer todo lo posible para que la película fuera auténtica desde un punto de vista cultural. Estaba empeñado en mostrar al público algo que no se había visto antes”, dice el novelista. “Me habló con pasión y honestidad acerca de la novela; le preocupaba no estar a la altura. Pero yo no estaba preocupado porque sabía que la historia le había cautivado. Luego, viéndole trabajar, supe que era un hombre de mucho talento”.

Marc Forster añade: “David supo capturar con maestría el espíritu de Cometas en el cielo en el guión. Lo importante era no traicionar a Khaled y, como director, quería ser el instrumento de la visión del autor que había conmovido a tantas personas”.

David Benioff aún estaba escribiendo el guión cuando se decidió que la película se rodaría en dari, una de las dos principales lenguas habladas en Afganistán. “Me pareció que rodar la película en otro idioma sería un error”, dice Marc Forster. “No se puede tener a niños en los años setenta en Afganistán hablando en inglés, no es auténtico. Hay que construir una conexión emocional con la realidad”.

A pesar de las complicaciones de semejante decisión, el autor Khaled Hosseini la apoyó plenamente. “Cuando Marc me dijo que rodarían la película en dari, supe que quería respetar la novela. Es muy importante que los personajes sean creíbles”.

El guionista y el director hablaron mucho acerca de qué diálogos debían hablarse en dari o en inglés. Una vez acabada la traducción del guión, lo mandaron al novelista, que le dio los últimos retoques. También hay unos pocos diálogos hablados en pashto, el idioma de los talibanes, y en urdu, la lengua de Pakistán.

Para que todo fuera auténtico, los cineastas contrataron a varias personas cuyo idioma materno es el dari para vigilar los acentos y entonaciones de los actores. Las traducciones durante el rodaje corrieron a cargo de Ilham Hosseini, estudiante de Derecho en la Universidad de Berkeley y prima del autor. Los cineastas también contrataron a varios asesores culturales para asegurarse de que todos los detalles fueran correctos.

2. El reparto

Marc Forster estaba empeñado en encontrar actores que encajaran a la perfección con los personajes del libro, sobre todo en el caso de Amir y Hassan, los dos niños. El realizador sabía que necesitaba a dos jóvenes actores capaces de entender la realidad social de los personajes y, además, con la habilidad para insuflar vida a sus sueños infantiles y atrapar al público en un mundo ingenuo de cometas y tirachinas. Para conseguirlo, el director habló con la directora de casting Kate Dowd, de Londres, que ya había trabajado con él en Descubriendo Nunca Jamás. “Kate encontró a los increíbles niños de Descubriendo Nunca Jamás”, dice el director. “Estaba convencido de que su sensibilidad le permitiría encontrar a los niños de COMETAS EN EL CIELO, pero nunca imaginé que eso significara ir hasta Kabul”. El productor William Horberg recalca: “Sabíamos que la película dependía en gran parte de la pureza de los dos niños descritos en la novela. Dos niños capaces de encarnar la profunda amistad que les une a pesar de la diferencia social y étnica. También sabíamos que era algo muy difícil”. La directora de casting empezó buscando en la comunicada afgana instalada en Europa, Estados Unidos y Canadá. Vio a cientos de niños en Londres, Birmingham, Ámsterdam, Toronto, Nueva York, San Francisco y Virginia, pero tanto ella como los cineastas no acababan de estar satisfechos. Muchos de ellos hablaban dari, pero con el acento de los países en los que vivían. Kate Dowd dice: “Comprendimos que sólo encontraríamos a los dos niños y a gran parte de los actores en Kabul, y en ningún otro lugar”. El productor E. Bennett Walsh, que también es el jefe de producción de COMETAS EN EL CIELO, se ocupó de organizar el viaje de la directora de casting a Afganistán y las presentaciones necesarias en aquel país. Kate Dowd recorrió colegios, orfanatos y parques de la bombardeada Kabul para encontrar a Amir, Hassan y al hijo de este, Shorab. Después de escoger a los candidatos más prometedores, dejó que Marc Forster tomara la decisión final. Al director le turbó su primera visita a Kabul. Conocida antaño por su belleza y hospitalidad, en las últimas dos décadas, la ciudad se ha convertido en símbolo de dolor, destrucción y guerra. Sin embargo, la proverbial simpatía de sus habitantes sigue tan viva como antes. “Era esencial para mí hacer ese viaje”, dice el director. “Sólo así podría entender la cultura afgana, ver cómo hablan y se comunican sus habitantes, ver cómo es Kabul hoy en día”.





Después de observar a los niños jugando con cometas, Marc Forster se decidió por Zekiria Ebrahami, que Kate Dowd había descubierto en el Liceo Francés, para hacer el papel de Amir, y por Ahmad Khan Mahmoodzada y Ali Danesh Bakhtyari, que la directora de casting encontró a través de la Organización de Ayuda Afgana, para encarnar a Hassan y a Shorab.

“Cuando vi a Zekiria por primera vez, era un chico muy tímido que apenas hablaba”, recuerda el director. “Pero había algo en él que me llamó la atención, un aura de tristeza. Su padre murió antes de que naciera y su madre le abandonó. Esa extraña tristeza me hizo comprender que podría interpretar a Amir, un niño huérfano de madre convencido de que su padre no le quiere”.

También le conquistaron Ahmad Khan Mahmoodzada, en el papel de Hassan, que no pierde el amor por la vida a pesar de su injusto destino, y Ali Danesh, en el papel de su hijo Shorab, que parece seguir los pasos de su padre hasta que Amir le rescata. “Ahmad es un luchador nato; está lleno de energía, de vitalidad, da la impresión de no tener miedo a nada. Ali Danesh es conmovedor, afectuoso y muy guapo, pero siempre mantiene una distancia, una pared emocional que comparte con su personaje”.

Fueron necesarias largas horas de negociaciones y un sinfín de tazas de té para conseguir los permisos para que los niños pudieran salir del país y rodar. “Después de que Marc los escogiera en Kabul, nos llevó tres meses conseguir los pasaportes”, recuerda el productor E. Bennett Walsh. “Ninguno tenía certificados de nacimiento o carnés, imaginen el papeleo”. Pero finalmente lo consiguieron.

El actor Nabi Tanha, que ha trabajado en los escenarios de Kabul y ha dirigido varias películas, fue escogido para hacer el papel de Ali, padre de Hassan y criado de Baba. Los veteranos actores Abdul Qadir Farookh y Maimoona Ghizal se unieron al reparto como el general Taheri y Jamilla, los padres de Soraya, esposa de Amir, afincados en San Francisco. Abdul Salam Yusoufzai, un ingeniero eléctrico que ya había trabajado en cine, hace el papel de Assef adulto. Kate Dowd dice: “Al final, un 75% del reparto procede de Kabul, algo que nos satisfizo profundamente”.

Por otra parte, los cineastas empezaron a buscar actores para encarnar los papeles adultos: el escritor afincado en San Francisco en el que se convierte Amir; su padre, el noble pero testarudo Baba, que acaba enorgulleciéndose de su hijo; Rahim Khan, el sabio amigo que aconseja a Amir; su esposa Soraya, cuyo amor le ayuda a decidirse a regresar a Afganistán; y Farid, el conductor que le lleva al corazón del territorio talibán.

Para el papel clave de Amir, los cineastas escogieron a Khalid Abdalla, que debutó en United 93, dando vida al terrorista Ziad Jarrah. El productor William Horberg recuerda: “Fue una casualidad. Durante el rodaje de United 93, me fijé en un joven actor que sobresalía del brillante reparto coral. Se trataba de Khalid Abdalla. Recomendé a Marc y a Kate que le hicieran una prueba”.

El joven actor de 25 años, de orígenes egipcios, sorprendió gratamente al director: “Me pareció carismático y brillante. Tiene una mirada muy poderosa y puede comunicar mucho, incluso sin moverse. Era tal como imaginaba a Amir”.

“Khalid es un joven extraordinario. Es alucinante ver cómo se ha reinventado para interpretar el papel”, dice Rebecca Yeldham. El actor se sintió profundamente atraído por el complejo Amir. “Creo que la carga de Amir es mayor por el enorme amor que siente”, explica. “Hizo algo inexcusable, y algunos le culparán, pero sólo era un niño. Su sentimiento de culpa sugiere que desea rectificar. Creo que es muy valiente por su parte realizar un viaje al pasado para intentarlo”.

Khalid Abdalla no hablaba una palabra de dari. Para aprenderlo pasó un mes en Kabul dando clases intensivas, recorriendo la ciudad, e incluso aprendió a hacer volar una cometa. “Durante mi estancia en Kabul, usé la novela como guía turística”, dice. “Busqué todos los rincones de los que habla, comí lo que se come en Kabul, intenté empaparme de la cultura de allí”.

Para hacer el papel de Baba, el padre del joven Amir que huye de su país cuando la Unión Soviética entra en Afganistán, los cineastas escogieron al actor iraní Homayoun Ershadi, que estudió arquitectura en la Universidad de Venecia y que actualmente vive en Teherán. Debutó como actor en 1993. En 1996 protagonizó la famosa El sabor de las cerezas, ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes.

“Cuando conocí a Homayoun, me di cuenta inmediatamente de que tenía la calidad emocional idónea para interpretar a Baba”, dice Marc Forster. “Si no tuviera el don de hacer que uno simpatice con él en las escenas posteriores de su vida, su fuerte carácter al principio de la película no funcionaría, pero Homayoun realiza la transición a la perfección”.

Para el papel de Rahim Khan, el sabio amigo de Baba que se convierte en el catalizador de la redención de Amir, los cineastas escogieron a Shaun Toub, que hizo un papel inolvidable en la oscarizada Crash/Colisión. “La primera vez que vi a Shaun Toub en persona, supe inmediatamente que era Rahim Khan”, dice el realizador. “Tenía la mezcla perfecta de amabilidad, bondad y sabiduría para encarnar a un personaje que dice la verdad y representa la verdad”.

El autor Khaled Hosseini añade: “En la novela, Baba y Rahim Khan siempre han sido amigos. Conocen sus debilidades, no hay secretos entre ellos dos, incluso se comunican sin palabras. Es curioso, pero sentí que existía la misma química entre Homayoun Ershadi y Rahim Khan”.

Atossa Leoni, una actriz de ascendencia afgana e iraní que ha trabajado en cine, televisión y teatro en Norteamérica y Europa, encarna a Soraya, la esposa de Amir. “Soraya es una mujer muy honesta”, explica Marc Forster. “Atossa es perfecta para el papel, aporta diferentes niveles a su personaje: la afgana tradicional en Estados Unidos y una mujer con un lado mucho más libre”.

Hablando de su papel, la actriz dice: “Admiro a Soraya y me ha enseñado mucho. Es sensible, vulnerable y fuerte a la vez. Es un personaje femenino clásico. Admira a su marido, pero no por eso desaparece. Su historia de amor es una búsqueda, y creo que mucha gente se identificará con ella”.

El reparto principal se completa con Farid, el hombre que guía a Amir en su peligroso viaje por Afganistán en la época de los talibanes, interpretado por Saïd Taghmaoui, un actor de ascendencia marroquí afincado en Francia. El realizador había tenido ocasión de verle en El odio/La haine y Tres reyes y le había impresionado su trabajo. “Tiene mucha fuerza, mucho poder”, dice. “Saïd era boxeador. Creció en la calle y entiende la calle, algo crucial para el personaje de Farid”.

Hablando de su personaje, el actor dice: “Farid es como un espejo para Amir. Es muy sincero, muy simple, muy realista. Cuando Farid lleva a Amir ante Assef, su viejo enemigo de entonces, sabe que ha llegado el momento culminante”.

Cuando Khaled Hosseini vio reunidos a los actores que darían vida a los personajes que siempre habían existido en su imaginación, se quedó sorprendido: “Cuando escribí la novela, tenía una idea muy clara de cada uno de los personajes. Sin embargo, al verlos en el plató, mi imagen mental fue sustituida por las caras, los gestos, la voz de estos actores. Eso dice mucho de su calidad profesional. Me parece extraordinario”.

3. La producción

Desde el primer momento, la gran pregunta para los productores fue dónde rodar COMETAS EN EL CIELO. Para contar la historia, había que recrear mundos muy dispares y desaparecidos, entre ellos, Kabul en los años setenta, una ciudad exótica y colorista donde se mezclaban libremente varias culturas. El problema era dónde encontrar el paisaje y la arquitectura de una ciudad que nació hace 3.000 años en un lugar con la logística necesaria para el rodaje de una película de este calibre. El productor y jefe de producción E. Bennett Walsh recorrió unos 20 países durante un año antes de encontrar el lugar idóneo en el Oeste de China. E. Bennett Walsh conocía China ya que había rodado Kill Bill Vol. 1, de Quentin Tarantino, en ese país, pero encontró lo que buscaba para rodar COMETAS EN EL CIELO en la escasamente poblada Región Autónoma de Xinjiang. El jefe de producción fotografió paisajes majestuosos entre las antiguas ciudades de Kashgar y Tashkurgan que recordaban a Afganistán, el país vecino. Esta lejana porción de la famosa Ruta de la Seda es hoy en día una activa zona islámica, con marcada influencia india y persa. La ciudad de Kashgar, levantada en un oasis, es un crisol de culturas repleto de coloristas mercados que se alza como por arte de magia en medio del árido terreno de aspecto lunar del desierto de Taklimakan (que significa “entrarás pero no saldrás”), rodeada por elevados picos. Pero rodar allí no era simple. “Una vez tomada la decisión de rodar en China, la planificación fue enorme”, recuerda Walter F. Parkes. “Fui a buscar localizaciones durante diez días, y no recuerdo nada igual. Hubo un día, en un mercado a las afueras de la ciudad, que llegué a pensar que había regresado al siglo XVIII”. Cuando Marc Forster llegó a Kashgar supo que era el lugar idóneo: “Había visto muchas fotos de Kabul en los setenta. Después de visitar Kashgar, quedé convencido. Tenía todo lo que necesitábamos: la arquitectura, el paisaje, la amplitud y los extras”. La mayoría de las escenas que transcurren en Kabul en los setenta y en 2000 se rodaron en la parte antigua de Kashgar. Las calles que rodean la impresionante mezquita Id Kah hicieron las veces de calles paquistaníes de Peshawar, donde se sitúa la casa de té de Rahim Khan. La mezquita, construida en 1442, es una de las más grandes de China, y puede albergar a 10.000 fieles.





La peligrosa huida de Amir y Baba de Afganistán, así como el viaje de regreso de Amir años más tarde se rodaron en la famosa carretera de Karakoram, la más elevada del mundo, que se abre camino por algunos de los puertos más asombrosos del planeta. Otras escenas se rodaron en decorados naturales en el lago Karakul a 3.900 metros de altitud, donde actores y equipo durmieron en yurtas, las tiendas típicas de la región.

Tashkurgan, una ciudad más pequeña, conocida como la “Ciudad de piedra” por sus construcciones de hace 2.000 años, también hizo las veces de Kabul en los setenta. Además, hubo dos semanas de rodaje en Pekín, que se transformó en San Francisco.

Después de tres meses de rodaje en China, regresaron al auténtico San Francisco para rodar la escena final de las cometas en el parque César Chávez.

Uno de los mayores retos fue conseguir que los actores y el equipo se mantuvieran unidos a pesar de los largos y penosos viajes y del cambio cultural. “Creo que todos aguantamos por la historia”, dice E. Bennett Walsh. “Hubo momentos muy difíciles, pero todos sabíamos que era una historia universal que debía contarse. Ser conscientes de que teníamos algo muy especial entre manos nos permitió superar los peores momentos”.

La organización y mentalidad abierta de Marc Forster también ayudaron a allanar las dificultades. “Marc es un cineasta meticuloso muy bien organizado”, dice William Horberg. “Era asombroso ver hasta qué punto había previsualizado mentalmente la película”.

“Rodar en lugares así significa que uno debe estar abierto a cualquier cosa”, dice Marc Forster. “Siempre había que estar dispuesto a cambiar de planes. Reconozco que por primera vez llegué al límite como director porque nunca sabía qué podía pasar al día siguiente”.

Uno de los requisitos del director era que el rodaje no dejara una huella negativa en la población local. Quedó entusiasmado con la cooperación que encontraron: “Es increíble ver el impacto que un rodaje tiene en zonas donde no se han visto cámaras, ni siquiera a muchos occidentales. Sentían curiosidad, pero sobre todo demostraban tener un gran sentido de la hospitalidad”.

Entre actores y miembros del equipo técnico sumaban más de 28 nacionalidades, y se hablaban varios idiomas: inglés (Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica), dari y pashto (Afganistán), farsi (Irán), urdu (Pakistán), uigur (Región Autónoma de Xinjiang), tajik (Tashkurgan), chino mandarín y cantones, además de alemán, español, francés e italiano. A veces se conversaba más con gestos que hablando.

Rebecca Yeldham recuerda, riendo: “Hubo momentos realmente divertidos en los que el director suizo de la segunda unidad hablaba con un ayudante estadounidense, un intérprete afgano y otro ayudante chino que lo traducía a otro en uigur que, a su vez, lo traducía a la figuración en tajik”.

Marc Forster dice, resumiendo: “Los actores y el equipo dieron lo mejor de sí mismos en circunstancias extremas. Quedé muy satisfecho con las interpretaciones, los paisajes y todo lo que nos proporcionó el Oeste de China, sobre todo por la enorme calidad humana de su población”.

La gran fuerza de la película no sólo se basa en las magníficas interpretaciones, sino también en un esmerado diseño artístico que lleva a la pantalla un mundo y una cultura poco conocidos por el público occidental. Para conseguirlo, el realizador se rodeó de un grupo de grandes profesionales, entre los que está el director de fotografía Robert Schaefer, ASC, el diseñador de vestuario Frank Fleming, los dos habían trabajado anteriormente con Marc Forster, y el diseñador de producción Carlos Conti.

En lo que al diseño visual de la película se refiere, el primer requisito del director era la autenticidad, por lo que no sólo hubo que encontrar localizaciones, sino recrear detalles de época para crear el ambiente idóneo. Marc Forster dice: “El reto estaba en encontrar los contrastes de color, las imágenes y tomas que comunicaran las emociones de los personajes de Hosseini en un decorado totalmente naturalista”.

La enorme tarea de recrear el Kabul de los setenta en la ciudad china fronteriza de Kashgar recayó en Carlos Conti, diseñador de Diarios de motocicleta y Nuevo mundo/Golden Door, que transcurre en gran parte en Ellis Island. “Escogimos a Carlos porque siempre ha sido capaz de hacer cosas realmente asombrosas con presupuestos limitados, además de encontrar soluciones para transformar o construir decorados que se asemejan enormemente a la realidad”, dice William Horberg. “Y en este caso hizo milagros, encontrando detalles de un realismo increíble”.

Rebecca Yeldham, que trabajó con él en Diarios de motocicleta, añade: “He tenido la ocasión de ver a Carlos volcado en la película. Pone mucha atención en los detalles. Su diseño puede pasar desapercibido por la elegante simplicidad que sirve para realzar el conjunto de la película”.

Marc Forster explica el proceso de trabajo que siguieron: “Carlos y yo empezamos estudiando imágenes y libros sobre Kabul y Peshawar. Cuando llegamos a China, sabíamos claramente lo que queríamos. Decidimos que los años setenta estarían llenos de colorido y contrastarían con el año 2000, donde todo sería más gris, más vacío, más duro”.

En Kashgar, el diseñador de producción tuvo dificultades en encontrar la casa de Baba, símbolo de sofisticación, clase y estilo. “Estudiamos numerosas fotos del entonces elegante barrio de Wazir Akbar Khan, en Kabul”, dice Carlos Conti. “Creamos una casa de acuerdo con el estilo arquitectónico del barrio, pero con tonalidades que encajasen en la película. La construcción nos llevó ocho semanas en un terreno donde antes pastaban los burros, las ovejas y picoteaban las gallinas. Construimos todo el mobiliario, incluso creamos los cuadros. El equipo chino y uigur fue increíble”.

Pero la auténtica prueba llegó el día que Khaled Hosseini visitó el decorado. “La casa me transportó al Kabul de los setenta”, dice el novelista. “La casa de Baba es una fiel reconstrucción de cómo eran las casas de una cierta clase social adinerada. Me conmovió verla, volví a un tiempo en el que Afganistán vivía en paz. Era una visión de la época de mi niñez, cuando el país vivía tiempos más felices”.

Otro decorado que costó trabajo reconstruir fue la plaza de las Cometas de Kabul, donde transcurren los espectaculares torneos. La escena se rodó en la plaza Ostangboye, de Kashgar. “Cuando vi la plaza por primera vez, decidí que el torneo de cometas tendría lugar allí. Lo escogí instintivamente”, dice el realizador.

Fue otro momento emotivo para Khaled Hosseini: “El torneo de cometas debía ser una de las secuencias más visuales de la película”, dice. “Pero lo que en mi libro está descrito en un par de páginas requirió un ejército para la película, con 300 extras repartidos en la plaza, los tejados y los postes. Me quedé asombrado viendo a Marc organizando algo tan complicado. Los espectadores descubrirán la belleza de Kabul con nieve en los tejados, los niños corriendo en la plaza y las cometas multicolores volando en el cielo”.

Para el regreso de Amir y Farid al Kabul gobernado por los talibanes, Carlos Conti quiso contrastar las bulliciosas calles de los setenta con calles silenciosas y vacías. “Hablé con Marc de la posibilidad de dejar el encuadre casi vacío, sin un solo coche, para dar la impresión de una época en la que estaba prohibido hacer volar cometas, ver la tele o una película y oír música. Mi objetivo ha sido diseñar imágenes potentes, pero simples”.

El gran trabajo del director de fotografía Roberto Schaefer, que ha trabajado con el realizador en todas sus películas, también contribuyó al aspecto naturalista de la película. Roberto Schaefer decidió mezclar lo agreste con lo épico, usando al máximo la iluminación disponible en Kashgar, llenando la pantalla con espléndidas imágenes, texturas y colores.

“No disponíamos de un presupuesto épico, pero Marc y yo estábamos convencidos de que debía parecer una película épica”, explica el director de fotografía. “Quería que fuera grande y utilicé todo lo que tenía a mi alcance para diferenciar las épocas, los decorados y los paisajes, aportando así una mayor dimensión a la película”.

Consecuentemente, el diseño artístico y las imágenes de COMETAS EN EL CIELO se convirtieron en mucho más que un simple telón de fondo para la historia. Son una parte íntegra del relato, transportando a los espectadores de un mundo a otro. “Creo que gracias a esta película, el público empezará a ver Afganistán como un lugar real”, dice Khaled Hosseini. “Espero que cuando salgan del cine, después de ver COMETAS EN EL CIELO, Afganistán les parezca un país con esperanzas, sueños y deseos como cualquier otro del mundo”.

Marc Forster acaba diciendo: “Para poder contar la historia de COMETAS EN EL CIELO, todos vivimos un viaje emocional lleno de luchas, cambios y descubrimientos durante el que a menudo ignorábamos lo que iba a pasar al día siguiente. Vimos qué dura, difícil y dolorosa es la vida en Afganistán después de 30 años de guerra. Pero también descubrimos una extraordinaria capacidad de recuperación. No olvidaremos las ganas de superación del pueblo afgano”.

ENLACES

Ficha en IMDb
Web oficial (España): www.cometasenelcielo.es
Web oficial (USA): www.kiterunnermovie.com
Otras películas del director Marc Forster: "Más extraño que la ficción", "Tránsito", "Descubriendo Nunca Jamás", "Monster's ball"